No siempre tengo la oportunidad de demostrar al mundo que soy un macho arquetípico, de esos que no le tienen miedo a nada y no sienten dolor por mucho que les muelan a palos; de esos que son capaces de atravesar las situaciones más peligrosas sin pestañear, de esos que se comen las balas como quicos.
Y es bueno no tener ocasión de demostrarlo; porque no sería capaz de demostrar ninguna de esas cosas.
Sin embargo, había un ámbito en el que nadie podía igualarme: Ir al dentista. Nunca le he tenido miedo al dentista, ni a los pinchos, ni al sonidito agónico de la taladradora esa... No, me sentaba como un campeón y dejaba que me hurgaran allí dentro como si nada
La única sensación de incomodidad me la producía la dentista cuando urgando dentro de mi boca decía cosas tales como: férula en el 41, no sé qué en el 15... no sé, que alguien conozca mejor que yo mi propia boca y sea capaz de ponerle tantos nombrecitos y números es algo que atenta contra mi intimidad. En esas ocasiones imagino que mi boca es una estancia llena de puertas secretas y pasadizos ocultos de los que sólo la dentista tiene la llave.
Pero la cuestión no es esa. La cuestión es que hoy me han hecho una limpieza de boca y me ha dolido. Me ha dolido mucho, la he encontrado sumamente desagradable, y para colmo de males el líquidito del manguito se salía de mi boca para llegar hasta mi cuello, el sonidito taladrador se me ha metido en los huesos y, cuando he escupido, sólo salía sangre y más sangre.
Después, por supuesto, la sádica de la dentista me puso un montón de nombrecitos ahí dentro.
No sé qué me ha ocurrido, pero la única vía de escape que tenía para demostrar al mundo lo valiente que soy se ha ido hoy al carajo.
lunes 25 de enero de 2010
sábado 23 de enero de 2010
NIEVE EN EL SUR
Es verdad lo que dicen sobre ella: es blanca.
Pero se extingue nada más llegar al suelo,
y eso no pasa en los lugares en los que nieva de verdad.
Aquí, donde vivo, el suelo está caliente;
nadie puede andar sin quemarse.
Aunque la mayoría ni lo nota.
Pero se extingue nada más llegar al suelo,
y eso no pasa en los lugares en los que nieva de verdad.
Aquí, donde vivo, el suelo está caliente;
nadie puede andar sin quemarse.
Aunque la mayoría ni lo nota.
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martes 19 de enero de 2010
Eros
No soporto las conversaciones estúpidas en los tanatorios. Conversaciones de callejón sin salida, palabras para tapar dolores, fórmulas infalibles, preguntas ociosas, indiscretas... ante todo es importante guardar la compostura, guardar la compostura, guardar la compostura... que no pierda la compostura, por dios santo... (¡eso nos haría estar tan incómodos!) "Estás muy callado, Pedro"
Ayer no era el mejor de los días para mí. "Estás a oscuras"- me había dicho alguien en el trabajo. Sí, estaba a oscuras a propósito. Poco después, ELLA llamaba para decirme que su padre había muerto.
Cuando llegué al Tanatorio, vi un círculo enorme formado por algunas compañeras de trabajo "haciéndole compañia". Había tanto espacio en medio de ese círculo...
Y sólo había que abrazarla para darle un lugar a su dolor.
Gracias por sentir mi abrazo
Gracias por ser valiente y sentir tu dolor
Algunos pensarían que te derrumbaste. Yo sabía que en ese momento, estabas construyendo algo bueno para ti.
Gracias por quererme.
Gracias por dejarte querer.
¿Palabras? ¿Qué palabras?
Ayer no era el mejor de los días para mí. "Estás a oscuras"- me había dicho alguien en el trabajo. Sí, estaba a oscuras a propósito. Poco después, ELLA llamaba para decirme que su padre había muerto.
Cuando llegué al Tanatorio, vi un círculo enorme formado por algunas compañeras de trabajo "haciéndole compañia". Había tanto espacio en medio de ese círculo...
Y sólo había que abrazarla para darle un lugar a su dolor.
Gracias por sentir mi abrazo
Gracias por ser valiente y sentir tu dolor
Algunos pensarían que te derrumbaste. Yo sabía que en ese momento, estabas construyendo algo bueno para ti.
Gracias por quererme.
Gracias por dejarte querer.
¿Palabras? ¿Qué palabras?
miércoles 13 de enero de 2010
UN POEMA DE PEDRO GOLLENET
PALABRAS
Porfío en la angustia por la desesperanza
de los versos con palabras excesivas,
palabras con ecos deformados por el tiempo,
por el engaño de la memoria.
Exploro en la palabra escrita para nadie,
la más pura y próxima al silencio,
a la ausencia de artimañas,
la que se confunde con el axioma más despojado.
Porque son palabras oxidadas en el corazón,
oriundas de las vagas sombras del pasado,
que visten de forzada ternura
la desoladora realidad de otros tiempos.
Y al final todos los esfuerzos infecundos
se agotan en el silencio definitivo,
la palabra menos esteril, la última,
en la postración absoluta.
Porfío en la angustia por la desesperanza
de los versos con palabras excesivas,
palabras con ecos deformados por el tiempo,
por el engaño de la memoria.
Exploro en la palabra escrita para nadie,
la más pura y próxima al silencio,
a la ausencia de artimañas,
la que se confunde con el axioma más despojado.
Porque son palabras oxidadas en el corazón,
oriundas de las vagas sombras del pasado,
que visten de forzada ternura
la desoladora realidad de otros tiempos.
Y al final todos los esfuerzos infecundos
se agotan en el silencio definitivo,
la palabra menos esteril, la última,
en la postración absoluta.
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viernes 8 de enero de 2010
TODOS LOS SEGUNDOS DE PEDRO GOLLONET
A pesar de lo que se cree, y de lo que los propios arrejuntapalabras afirmamos, lo peor que le puede pasar a un poeta no es que no le publiquen, o que la poesía no se venda, o que el 90 por ciento de los concursos poéticos estén amañados. Lo peor es que un tipo abra delante de las narices uno de tus libros.
Yo sé lo que es esto, y Pedro Gollonet también lo sabe, pues ambos fuimos víctimas y verdugos el uno para el otro de tal suceso en el Naima café Jazz.
Yo iba “desarmado” con una “una mirada al mundo”, y él con un ejemplar de “todos los segundos”.
Él disparó primero, abriendo a bocajarro mi libro y leyendo un poema o dos.
Yo me hice el muerto para, en el momento en el que menos se lo esperaba, coger su libro y abrirlo. Vi cómo se sobrecogía al otro lado de la mesa y compuse una sonrisa maquiavélica: “es como tener tu corazón abierto”- dije.
Y ahora que he leído (sólo los primeros poemas) del libro de Perico, me doy cuenta de lo acertadas que fueron mis palabras.
“Todos los segundos” es un corazón abierto con bastante camino andado; que va escupiendo dolores, decepciones, y acusa desde la tristeza a supuestos amigos que no lo fueron, a personas que no fueron personas, señalando un entorno cateto, hipócrita, deshonesto, sucio.
Como quitándole importancia, Perico me dijo que había escrito el libro “a vuela pluma”, como si tal cosa fuera sencilla, como si fuera sencilla su decisión de no cubrir con artificios el dolor y la soledad para hacerlas más presentables a los intrusos o a sus personas más queridas.
No siempre está uno dispuesto a leer verdades, por eso sospecho que tardaré en leer su libro más de lo que cualquier poeta consideraría admisible.
Hoy brindo por ti, Perico, con tu libro sobre la mesa, abriéndolo.
P.D. No respires tan pronto, antes de que termine la semana habrá en este blog uno de tus poemas.
Referecia:
Todos los segundos
Pedro Gollonet
Editorial Almed (colección Ultramarina)
Yo sé lo que es esto, y Pedro Gollonet también lo sabe, pues ambos fuimos víctimas y verdugos el uno para el otro de tal suceso en el Naima café Jazz.
Yo iba “desarmado” con una “una mirada al mundo”, y él con un ejemplar de “todos los segundos”.
Él disparó primero, abriendo a bocajarro mi libro y leyendo un poema o dos.
Yo me hice el muerto para, en el momento en el que menos se lo esperaba, coger su libro y abrirlo. Vi cómo se sobrecogía al otro lado de la mesa y compuse una sonrisa maquiavélica: “es como tener tu corazón abierto”- dije.
Y ahora que he leído (sólo los primeros poemas) del libro de Perico, me doy cuenta de lo acertadas que fueron mis palabras.
“Todos los segundos” es un corazón abierto con bastante camino andado; que va escupiendo dolores, decepciones, y acusa desde la tristeza a supuestos amigos que no lo fueron, a personas que no fueron personas, señalando un entorno cateto, hipócrita, deshonesto, sucio.
Como quitándole importancia, Perico me dijo que había escrito el libro “a vuela pluma”, como si tal cosa fuera sencilla, como si fuera sencilla su decisión de no cubrir con artificios el dolor y la soledad para hacerlas más presentables a los intrusos o a sus personas más queridas.
No siempre está uno dispuesto a leer verdades, por eso sospecho que tardaré en leer su libro más de lo que cualquier poeta consideraría admisible.
Hoy brindo por ti, Perico, con tu libro sobre la mesa, abriéndolo.
P.D. No respires tan pronto, antes de que termine la semana habrá en este blog uno de tus poemas.
Referecia:
Todos los segundos
Pedro Gollonet
Editorial Almed (colección Ultramarina)
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martes 22 de diciembre de 2009
EL CORAZÓN DEL IDIOTA
Áyer fui a ver unas actividades de una escuela de teatro que suena bastante por Sevilla, pero cuyo nombre omito porque no quiero que ningún alumno (que me merecen todo mi respeto) se sienta ofendido.
El espectáculo consistió en dos cortos proyectados en una pantalla, dos actuaciones de baile, y dos representaciones teatrales de diferentes fragmentos interpretado por dos grupos de teatro diferente.
1. Los cortos eran, simplemente, vergonzosos, de patio de colegio. Unas películas hechas sin iluminación o micrófonos, y con un guión estúpido y sin gracia. Vegonzoso que el señor del fondo de la sala tratara de caldear el ambiente con una risa barítona y pretendidamente sincera ante los burdos chistes perpetrados en las "películas". Posteriormente, alguien me dijo que el señor que se reía era uno de los dueños de esta escuela de teatro. Alguien debería decirle que la falta de talento no puede suplirse con risitas.
Lo curioso es que había algunas personas más en la sala que coreaban sus risitas. Eran risas que surgían en los momentos más inesperados, por ejemplo, cuando salía el rostro de algún actor en primer plano. Supuse que eran risitas de amigos de los actores en concreto, a los que les hacía gracia ver a su amigo proyectado en una pantalla. Otra explicación no pude encontrarle.
2. Las representaciones de baile. Vergonzosas.
La primera era, según anunciaron, danza contemporánea. Si eso era bailar, lo que yo tengo encima de la cabeza son tirabuzones. Sé lo que es la danza contemporánea, la he visto, la he disfrutado, la conozco, y sobre aquel escenario no hábía lo fundamental: verdad. Lástima, porque algunos de los actores podrían haber brillado de haberles dado la oportunidad otro tipo de representación.
La segunda era, según anunciaron, danza flamenca. Lo más flamenco que vi allí fueron una serie de palmaítas con movimiento de caderas que hacían en círculo, y alguna que otra pose taurina. Si hubo algo más, no puedo decirlo, porque por aquel entonces ya estaba leyendo un libro que me había traído en la mochila. No, no era ningún papel por mi parte para expresar mi disgusto por lo que estaba viendo; es que, simplemente, prefería leer a perder el tiempo.
Lo siguiente fue una representación teatral de un texto infantil, estúpido, carente de cualquier atisbo de talento. Una puta mierda, vamos, para que nos vayamos entendiendo. Hubo un actor que me gustó muchísimo. representaba a un adolescente o un niño con deterioro cognitivo, síndorme down o autistismo; con una especie de tic en la cara. Absolutamente soberbio. Su voz, sus movimientos, su cadencia y su presencia en escena fue extraordinaria durante toda la representación. Si hubo algún otro actor que pudiera brillar por mérito propio, el texto de la obra se encargó de tragárselo por completo.
La siguiente obra fue la mejor con diferencia. Partían de un texto francamante interesante, y los actores creían en lo que estaban haciendo. Tenían fuerza, ganas, presencia, garra, voz, intención, emoción y verdad. Hubo dos actrices y un actor que destacaron por encima del resto; pero probablemente, si los citara, pensaríais
que estoy siendo tendencioso. Era un trabajo currado. Un trabajo de verdad.
Fue la única obra en la que oí aplausos sinceros.
La razón era sencilla. Ese grupo había tenido a una profesora diferente. Curiosamente, a esa profesora la han apartado de ese grupo de teatro para trabajar ahora con otro, en contra de su voluntad.
Ayer vi mucha complacencia en la sala, mucha, mucha. Y no estaba justificada.
El espectáculo consistió en dos cortos proyectados en una pantalla, dos actuaciones de baile, y dos representaciones teatrales de diferentes fragmentos interpretado por dos grupos de teatro diferente.
1. Los cortos eran, simplemente, vergonzosos, de patio de colegio. Unas películas hechas sin iluminación o micrófonos, y con un guión estúpido y sin gracia. Vegonzoso que el señor del fondo de la sala tratara de caldear el ambiente con una risa barítona y pretendidamente sincera ante los burdos chistes perpetrados en las "películas". Posteriormente, alguien me dijo que el señor que se reía era uno de los dueños de esta escuela de teatro. Alguien debería decirle que la falta de talento no puede suplirse con risitas.
Lo curioso es que había algunas personas más en la sala que coreaban sus risitas. Eran risas que surgían en los momentos más inesperados, por ejemplo, cuando salía el rostro de algún actor en primer plano. Supuse que eran risitas de amigos de los actores en concreto, a los que les hacía gracia ver a su amigo proyectado en una pantalla. Otra explicación no pude encontrarle.
2. Las representaciones de baile. Vergonzosas.
La primera era, según anunciaron, danza contemporánea. Si eso era bailar, lo que yo tengo encima de la cabeza son tirabuzones. Sé lo que es la danza contemporánea, la he visto, la he disfrutado, la conozco, y sobre aquel escenario no hábía lo fundamental: verdad. Lástima, porque algunos de los actores podrían haber brillado de haberles dado la oportunidad otro tipo de representación.
La segunda era, según anunciaron, danza flamenca. Lo más flamenco que vi allí fueron una serie de palmaítas con movimiento de caderas que hacían en círculo, y alguna que otra pose taurina. Si hubo algo más, no puedo decirlo, porque por aquel entonces ya estaba leyendo un libro que me había traído en la mochila. No, no era ningún papel por mi parte para expresar mi disgusto por lo que estaba viendo; es que, simplemente, prefería leer a perder el tiempo.
Lo siguiente fue una representación teatral de un texto infantil, estúpido, carente de cualquier atisbo de talento. Una puta mierda, vamos, para que nos vayamos entendiendo. Hubo un actor que me gustó muchísimo. representaba a un adolescente o un niño con deterioro cognitivo, síndorme down o autistismo; con una especie de tic en la cara. Absolutamente soberbio. Su voz, sus movimientos, su cadencia y su presencia en escena fue extraordinaria durante toda la representación. Si hubo algún otro actor que pudiera brillar por mérito propio, el texto de la obra se encargó de tragárselo por completo.
La siguiente obra fue la mejor con diferencia. Partían de un texto francamante interesante, y los actores creían en lo que estaban haciendo. Tenían fuerza, ganas, presencia, garra, voz, intención, emoción y verdad. Hubo dos actrices y un actor que destacaron por encima del resto; pero probablemente, si los citara, pensaríais
que estoy siendo tendencioso. Era un trabajo currado. Un trabajo de verdad.
Fue la única obra en la que oí aplausos sinceros.
La razón era sencilla. Ese grupo había tenido a una profesora diferente. Curiosamente, a esa profesora la han apartado de ese grupo de teatro para trabajar ahora con otro, en contra de su voluntad.
Ayer vi mucha complacencia en la sala, mucha, mucha. Y no estaba justificada.
domingo 20 de diciembre de 2009
YO VENCÍ AL EDWARD DE CREPÚSCULO.
De un tiempo a esta parte mi esposa me compara con un vampiro.
Alguien debería decirle que las comparaciones son odiosas. Bueno, yo ya se lo he dicho, pero le da igual. Me compara y me compara y me compara... y lo que no entiendo es que un tío que debe tener más de cien años pueda salir mejor librado que yo.
Dice que si es refinado, que si es educado, que si es romántico, que si está mu bueno, que si a este le daba yo una buena transfusión sanguínea.
Claro, empecé a leerme el libro a escondidas para estudiar a mi enemigo, pero no se puede hacer nada contra alguien que es capaz de vivir eternamente diciendo al mismo tiempo frases tipo tales como "compláceme".
Dejé el libro a la mitad. Y no, no se debe a que considere que está mal escrito, sino porque a la mitad del libro Edward aún no tiene más enemigos que su propia sed. Creo que un libro necesita que los personajes tengan diferentes motivaciones, que éstas choquen entre sí y se generen conflictos para que la historia se desarrolle en función de estos. Cuando el mayor conflicto que aparece en la novela es "¿lo veré hoy en la cafetería?" la cosa no termina de funcionar. Y yo lo que quiero es que al Edward le den por saco a base de bien. Mi esposa dijo que tuviera paciencia, que los malos salen más tarde; pero yo, al contrario que Edward, no soy inmortal y no puedo esperar eternamente a que un libro "me complazca" cuando a él le venga en gana.
Así que ella sigue con su Edward de su alma, y yo me quedo sin saber qué hacen juntos.
Así las cosas, he optado por una solución de lo más sencillita: cuando mi esposa se pone durante horas delante de alguno de los cuatro mamotretos vampíricos con cara de adolescente de quince años, me imagino que yo, en realidad, soy Edward: inmortal, elegantemente vestido, con ojos ambarinos, colmillitos piramidales y movimientos pausados; y que el tipo que está en el libro y por el que mi esposa se pirra, es en realidad, Pedro Caldas, con los pantalones del pijama sobaquero, los calcetines por encima de los pantalones y con un cochinito entre las muelas porque aún no se ha cepillado los dientes después de la cena. Mi esposa lee cómo Pedro Caldas dice "voy a cagar" y se entusiasma.
Y claro, es que a un tipo así no hay nadie que se le resista.
Alguien debería decirle que las comparaciones son odiosas. Bueno, yo ya se lo he dicho, pero le da igual. Me compara y me compara y me compara... y lo que no entiendo es que un tío que debe tener más de cien años pueda salir mejor librado que yo.
Dice que si es refinado, que si es educado, que si es romántico, que si está mu bueno, que si a este le daba yo una buena transfusión sanguínea.
Claro, empecé a leerme el libro a escondidas para estudiar a mi enemigo, pero no se puede hacer nada contra alguien que es capaz de vivir eternamente diciendo al mismo tiempo frases tipo tales como "compláceme".
Dejé el libro a la mitad. Y no, no se debe a que considere que está mal escrito, sino porque a la mitad del libro Edward aún no tiene más enemigos que su propia sed. Creo que un libro necesita que los personajes tengan diferentes motivaciones, que éstas choquen entre sí y se generen conflictos para que la historia se desarrolle en función de estos. Cuando el mayor conflicto que aparece en la novela es "¿lo veré hoy en la cafetería?" la cosa no termina de funcionar. Y yo lo que quiero es que al Edward le den por saco a base de bien. Mi esposa dijo que tuviera paciencia, que los malos salen más tarde; pero yo, al contrario que Edward, no soy inmortal y no puedo esperar eternamente a que un libro "me complazca" cuando a él le venga en gana.
Así que ella sigue con su Edward de su alma, y yo me quedo sin saber qué hacen juntos.
Así las cosas, he optado por una solución de lo más sencillita: cuando mi esposa se pone durante horas delante de alguno de los cuatro mamotretos vampíricos con cara de adolescente de quince años, me imagino que yo, en realidad, soy Edward: inmortal, elegantemente vestido, con ojos ambarinos, colmillitos piramidales y movimientos pausados; y que el tipo que está en el libro y por el que mi esposa se pirra, es en realidad, Pedro Caldas, con los pantalones del pijama sobaquero, los calcetines por encima de los pantalones y con un cochinito entre las muelas porque aún no se ha cepillado los dientes después de la cena. Mi esposa lee cómo Pedro Caldas dice "voy a cagar" y se entusiasma.
Y claro, es que a un tipo así no hay nadie que se le resista.
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